martes, 30 de junio de 2015

¡No tengo que seguir tomando cantidades de pastillas!

Cuando me enteré de la posibilidad de publicar historias de personas que han probado la desintoxicación, según el Dr. Jonás, decidí compartir con ustedes mi historia. No es que quisiera imponerme al público, a mi edad ya de todos modos no tendría un gran efecto, no obstante, pienso que en mi historia mucha gente puede encontrar la suya. Seguramente no soy la única que ha padecido semejantes complicaciones de salud.
Tengo 58 años y sin más nada digo que soy de los viejos tiempos. Cuando era joven no había tantas enfermedades y si alguna aparecía, solíamos curarla del modo natural. Mi abuela recogía hierbas y mis padres tenían una postura fría ante la medicina clásica. No es que no le creyeran. Pero un médico de calidad en aquella época era un lujo que no nos podíamos permitir. Y además - la mayoría de problemas se resolvía con pociones de hierbas de mi abuela. ¿Y una aparición excesiva de toxinas? Ni pensar, pues comíamos lo que cultivábamos nosotros mismos, teníamos carne de nuestros propios animales, los cosméticos casi no se usaban, habían muchas menos fábricas, el aire era más puro y el ¿estrés? ¡No conocíamos el concepto ni nos quedaba tiempo para él!

Nunca padecía de enfermedades, la mayoría de mi vida hasta ahora sólo me enfrentaba a enfermedades comunes y corrientes como gripe o anginas. Nunca me encontré con alergia, síndrome de cansancio ni otra enfermedad de la civilización. Hasta mis 55 años. Durante unos meses empecé a sentirme mal. Me dolía todo el cuerpo y empecé a padecer de estreñimientos.
Lógicamente se me ocurrió que mi organismo envejecido ya no aguantaba tanto y por eso decidí modificar mi dieta. Consumía frutas, cereales, pescado... Traté de limitar el estrés común a lo mínimo y pasear más al aire fresco. "Nadie está rejuveneciendo," me decían mis amigas que se enfrentaban a problemas parecidos.
Mis paseos no duraron mucho tiempo. Unos meses después ya apenas caminaba y a duras penas alcanzaba el ascensor. Mis estreñimientos no se acababan y mis articulaciones me dolían tanto que despertaba por la noche con la sensación de que me clavaban miles de agujas. Aparecían más y más problemas, hasta que llegué al consultorio de mi médico. Desde allí salía regularmente a consultorios de varios especialistas. Casi todos me recetaron medicamentos así que si les digo que algún tiempo después tomaba un puñado de pastillas, ¡no es mentira!

A pesar del esfuerzo de los médicos les cogí odio reprochándome a mí misma por no haber aprendido en aquel entonces los conocimientos de mi abuela sobre el poder de las hierbas. ¡Hubiera podido probarlas por lo menos! - Lo que más me irritaba era el hecho de que siempre que llegaba a una consulta cualquiera, mis síntomas fueron calificados como un problema de salud, recibí otros medicamentos... pero ningún diagnóstico con sentido. ¡Si cada paciente tiene derecho a él! Cuando mencionaba algunas formas alternativas de la medicina, la mayoría de los médicos me miraron bruscamente o decían que esta esfera era cosa mía que no les concernían a ellos.

Una conocida de mi hija me recomendó al Dr. Jonáš y su método. No me era ajeno porque los productos de la investigación del Dr. Jonáš contienen extractos de hierbas con su carácter natural energético-informático. Me llamó muchísimo la atención porque sinceramente dicho, aunque siempre he llevado una vida normal – durante los cincuenta años de mi vida he tenido que absorber una cantidad de toxinas quiera o no quiera. Me dije: "¿Sigo tomando medicamentos que no me ayudan o simplemente pruebo algo nuevo mientras por lo menos tenga fuerza para probarlo?" - Y estaba decidido.
¡La medición con el aparato Salvia mostró la intolerancia de la proteína láctea y un defecto auto-inmunitario! - Pregunté: ¿cómo era posible que padeciera de la intolerancia de la proteína láctea si había consumido lecha toda mi vida sin tener jamás algún problema? - El doctor me explicó que algunas enfermedades no se ven a primera vista. Pueden ir acumulándose toxinas en el cuerpo y atacar más tarde y con más fuerza. Y que la intolerancia de la proteína láctea es un fenómeno frecuente que es difícil de descubrir.
A la mayoría de la gente ni se le ocurre, pues los problemas de salud existentes no tienen que parecerse a los problemas relacionados normalmente con la intolerancia de algún alimento. Pero nadie se lo explica, así que usted se convierte en un paciente con artrosis, osteoporosis, alergia, defecto cardíaco, etc.
Debido a la intolerancia, mi sistema inmune empezó a trabajar en el régimen de la autoinmunidad y hacerme daño. Simplemente se rebeló y comenzó a irritarse a sí mismo. El doctor me dijo algo que me asustó y tranquilizó a la vez. Es que estos dos asuntos, el fallo metabólico y problemas autoinmunitarios, a menudo se acompañan. Y que todavía no se ha encontrado con un problema autoinmunitario sin la intolerancia a algún alimento. Me propuso los preparados de desintoxicación compuesta por LiDrenVelienDrenNodegMetabexMebol y Cran.
Los dos creemos en que mi inmunidad se recuperará y empezará a funcionar como debe ser.
Sentí un alivio porque - ¡los resultados después del primer paso son notables! - El régimen sin leche no me importa. Tomar dos veces al día productos que no cargan mi cuerpo con la química, no me molesta en absoluto. Lo que sí me molesta es que en consultorios de los médicos cada día aparecen personas con un problema parecido al mío. Pero los médicos no suelen descubrir la causa, así que seguirán curando a esa gente de enfermedades que en realidad no lo son en el sentido verdadero de la palabra. Y a menudo bastaría tan poco para resolverlo…

Carta de una clienta del Dr. Jonás
03/10/2012